Nierika

Conozco Real de Catorce desde que tenía aproximadamente cuatro años de edad, fui muchas veces junto a mi papá al santuario de San Francisco de Asís que ahí se encuentra.

En 2011 volví sola. En ese viaje conocí a un par de niñas wirarika quienes se volvieron mis amigas, nos unió la pintura. Vanessa y Perla me presentaron a sus padres, fue así que me invitaron a subir al Quemado, a Wirikuta. Tenía que llevar ofrenda y luz.

Caminamos por horas en la hermosa y vital sierra de Real de Catorce, flores de orégano, de biznaga, hilos de agua fresca, una riqueza que yo ignoraba. Cuando llegamos al centro del Quemado, seguí el camino marcado por piedritas blancas, era un espíral que debía recorrerse de manera especial. Con una pluma regamos agua hacia los cuatros puntos cardinales, fui limpiada y prendí la luz que llevaba, una candela. Caminé en el centro siguiendo el tiempo universal, dejé mi ofrenda y pude pedir algo a la abuela tierra.

La ceremonia terminaba ahí, pero Marciano, mi amigo huichol, consideró que podía invitarme al lugar donde los peregrinos huicholes dejan su ofrenda, una cueva-casita. Al entrar mi corazón estalló, 16 cabezas de venado disecadas eran la puerta a otra dimensión.  No tenia nada que dejar, no iba preparada, así que mi preciado reboso rojo de Xilitla se convirtió en la mejor ofrenda.

Cuando volvimos al pueblo,  Marciano me dijo que yo había hecho Nierika, había prendido luz y me había vuelto un espejo donde la naturaleza, los abuelos y el hermano venado podían reflejarse, pero también mirar.

Nierika es la conexión entre el pasado y el presente, como un aliciente que obliga al peregrino estar en el aquí y en el ahora junto a la sabiduría del Universo. Es el corazón de la reencarnación eterno, como si fuera el verdadero origen de la vida. De ahí surge el nombre y motivo de esta serie fotográfica que realicé tres años después bajo la tutela del gran maestro de la fotografía estenopeica: Daniel Mendoza Alafita.

La fotografía estenopeica es para mi una herramienta extraordinaria que desvela lo onírico de la realidad.